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Torá en Español

Old Hebrew Prayer Book

Parashat Kedoshim

¿Shojet o almacenero?

Cuando nos adentramos en el universo de las bendiciones, un detalle llamará rápidamente nuestra atención.

La halajá nos exige pronunciar brajot únicamente a la hora de cumplir con preceptos dirigidos al Cielo, pero no cuando observamos preceptos destinados a nuestros prójimos. Muchas de esas bendiciones son conocidas por todos. Bendecimos antes de colocarnos tefilín, antes de encender las velas de Shabat o antes de comer matzá en la noche del seder. Sin embargo, la ley judía no impone el recitado de ninguna bendición al dar tzedaká, al visitar enfermos o al consolar dolientes.

¿Por qué?

Rabí Baruj Epstein -autor del libro Torá Temimá- explica que dado que la fórmula de la brajá es "Asher Kidshanu BeMitzvotav" (Que nos ha santificado –consagrado- con Sus preceptos) sólo cabría pronunciar bendiciones al cumplir con aquellos preceptos que nos distinguen del resto de las naciones del mundo. Siendo que las naciones gentiles también acostumbran a observar preceptos de índole universal no corresponde pronunciar allí dichas fórmulas (comentario a Shemot 24, 30).

No es mi objetivo juzgar aquí la naturaleza de este comentario. Sin embargo, estoy convencido que enfoques de esta índole han contribuido en gran forma a que muchos sean los judíos que relacionan santidad con ritual.

Parashat Kedoshim enseña que la aspiración a vivir una vida de santidad es compleja y multidimensional.

"Santos seréis porque santo soy Yo, el Eterno vuestro Di-s" (VaIkrá 19, 2). Por lo pronto, la Torá está diciendo "Santos seréis". Es decir que...¡santos no sóis! La santidad es como el horizonte; aun cuando se marcha hacia él, nunca se lo alcanza.

Si bien es cierto que en nuestra Parashá se nos ordena "y mis sábados cuidaréis" (VaIkrá 19, 3) o "no os volváis hacia los ídolos" (19, 4), la Torá nos enseña que aquel que aspira a una vida de santidad no puede postergar preceptos como "no maldigas al sordo, y delante del ciego no pongas tropiezo" (19, 14) o "balanzas justas, pesas justas...existirán para vosotros" (19, 36).

Posiblemente ese sea la revolución que proponga Parashat Kedoshim: Sacar a la santidad del ámbito sagrado (el tabernáculo, el Templo, los sacrificios y los sacerdotes) al ámbito cotidiano (el hogar, la calle y el mercado).

...

Se cuenta que un shojet de la ciudad de Salant, talmid jajam y temeroso del Cielo, vino en una ocasión a ver a Rabí Israel Salanter para anunciarle que iba a abandonar su oficio. Sentía sobre sus espaldas una gran responsabilidad. "Quién sabe...", dijo al Rabino. "Un pequeño defecto en mi cuchillo y cientos de judíos comerían carne prohibida...".

"¿Y a qué te dedicarás?", le preguntó Rabí Israel.

El shojet le respondió que quería abrir un almacen.

"¡Un almacen!", le dijo el Rabí. "Y si respecto a tu oficio de Shojet –que sólo incumbe al precepto negativo de comer carne prohibida- sientes responsabilidad...¡cuánta más responsabilidad debieras sentir respecto a tu almacen!".

"Fíjate cúantos preceptos atañen al comercio", continuó el Rabí.

"No robarás,
no codiciarás,
te alejarás de la mentira,
balanzas y pesas justas tendrás para tu clientela...
¿¡y tú sientes responsablidad por un cuchillo defectuoso!?".

Es cierto que un shojet debe ser temeroso del Cielo y revisar meticulosamente su cuchillo. Pero también lo debe ser un almacenero.

La integridad, es una de las pocas órdenes que la Torá prescribe cumplir ‘con el Eterno’. Lo mismo ocurre con la modestia.

Respecto a ésta última, etá dicho: "andar humlidemente con tu Di-s" (Mijá 6, 8). Y respecto a la integridad se nos dice: "Integro serás con el Eterno, tu Di-s" (Devarim 18, 13).

¿A qué se debe esta particularidad?

Enseña Rabí Pinjas de Koretz:


Se debe a que el hombre puede engañar a su semejante en ambas cuestiones. Puede simular se un hombre íntegro y tener su corazón lleno de odio, rencores y trampas. También puede mostrar falsa modestia, cubriendo su soberbia bajo un manto de falsa humildad, manteniéndola oculta a los ojos de los demás.

Sólo el Cielo sabe si esa integridad o esa modestia es verdadera o es falsa.

"Santos seréis, que santo soy Yo, el Eterno, vuestro Di-s".

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