Un tercio de la vida humana es dedicada al sueño. Un hombre que pisa el umbral de los sesenta, ha soñado durante veinte. ¿Cuán especial puede ser, entonces, un sueño?

 

Un mundo de interpretaciones gira en derredor del singular sueño de la escalera de Iaakov. El Midrash dice que este suceso es asociable a la revelación del Monte Sinaí. La palabra ‘Sulam’ (escalera) y la palabra ‘Sinaí’ tienen idéntico valor numérico (130). Di-s, en este suceso, le muestra a Iaakov la entrega de la Torá y le dice: ‘Si tus descendientes observan esta Ley, ascenderán como estos ángeles; si no lo hacen, descenderán como ellos’. (Bereshit Rabá 68, 12).

 


Este sueño tiene, no obstante, otras connotaciones. La escalera es Iaakov, y los ángeles que por allí ascienden y descienden son síntoma de su crecimiento espiritual. Nuestro patriarca, tiene el perfil de un adolescente en constante búsqueda. Por momentos, es un joven inmaduro e indeciso. Por momentos, es un hombre de coraje e iniciativa.


Luego de haber soñado, Iaakov dice: 'Si estuviere conmigo y me cuidare en este camino que yo ando, y me diere pan para comer, y ropa para vestir, y tornare en paz a casa de mi padre, será el Eterno para mí por Di-s' (Bereshit 28, 20-21).


Iaakov era un joven que, hasta ese momento, había sacado provecho de su astucia. Había adquirido la primogenitura de su hermano, le había birlado su bendición, y creyó que podía utilizar su astucia incluso con Di-s. Es como si le dijera a Di-s: 'Tal vez pueda creer en Ti...¡pero Te lo debes ganar!'.

Sin embargo, Iaakov descubre inesperadamente que la astucia es herencia de familia. Labán, su tío materno, lo engaña con alevosía y le entrega a su hija mayor en lugar de la menor:
 

Quien sabe, tal vez este sea el punto de inflexión en la vida de nuestro patriarca. Iaakov descubre las bondades del trabajo honesto, se casa, cría a sus hijos y amasa una pequeña fortuna.
 

Iaakov mismo empieza a subir los peldaños de aquella escalera a medida que crece, y entiende que el oportunismo y la astucia pueden transformarse en enemigos de la reverencia. Iaakov, con veinte abriles más a cuestas, se planta con decisión frente a su suegro y le anuncia su partida. Adolescencia concluida...
 

Una escalera estaba apoyada en tierra y su cima llegaba a los cielos. Di-s, allí arriba, montado al último peldaño, esperaba la escalada de su elegido. Di-s espera nuestra escalada, aquella que nos aleje de la vanidad y de la vacuidad terrenal.

Un tercio de la vida humana es dedicada al sueño. Utilicemos, pues, los dos tercios restantes, para elevar nuestra existencia.

Una escalera al cielo

Vaietzé

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

  • Blogger Social Icon
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon