Dijo Rav Iehudá, en nombre de Rav: Todo lo que el Santo Bendito creó en Su mundo, macho y hembra lo creó.

 

El quinto día de la creación, Dios creó dos enormes monstruos –uno macho y la otra hembra- llamados Leviatán Najash Bariaj y Leviatán Najash Akalatón.

Advirtió Dios, que estos dos enormes monstruos destruirían el mundo todo en el momento de aparearse por el tamaño de sus crías.


¿Qué hizo Dios?


Castró al macho y mató a la hembra y la preservó en sal para los justos del mundo por venir.

Esta es una tradición que aparece en el Talmud Babli, en el Tratado de Baba Batra, y reaparece en varios midrashim a lo largo de las generaciones.

Y con la piel de ese monstruo marino, cuenta el Midrash, Dios construirá una Suká y agasajará allí a los justos en el mundo por venir.

La pregunta que yo me hago es...¿Por qué Dios irá a agasajar a los justos bajo una Suká? ¿Por qué no hacerlo en una mesa de Shabat o en una fiesta de Purim con un baile de disfraces tomando mucha cerveza después de haber salido airosos de este mundo?

Pero no...este será un banquete diferente.

Alegre sí, pero a la sombra de una Suká construída con la piel del Leviatán.

Supongo que la respuesta es más sencilla de lo que parece.
Sólo aquellos que ejerciten en esta vida terrena las virtudes que deben practicarse bajo la Suká serán merecedores de ese festín.

La festividad de Sukot nos mueve a ejercitar la HUMILDAD.
En un mundo signado por el confort, por ambiciones desmedidas de prosperidad económica, llega la festividad de Sukot y nos impone mudarnos por siete días a una frágil cabaña de techo de ramas y paredes de trapo, enseñándonos que NO SOMOS LO QUE TENEMOS, sino que nuestras acciones y nuestras virtudes tienen más peso para Dios que nuestro dinero y nuestras pertenencias materiales.

La festividad de Sukot nos mueve a ejercitar la GENEROSIDAD.

Nuestros sabios dicen que una Suká es kshera (apta) sólo si tiene más de 60 cm. por 60 cm. aproximadamente.

Pero cuando hablan del ancho máximo de una Suká, no ponen límites y dicen que puede tener varios kilómetros de ancho.

 

¿Por qué?

 

Porque una Suká así de pequeña es una Suká egoísta, sin invitados, sin generosidad.

La festividad de Sukot os mueve a ejercitar nuestra FE.

En Sukot, Dios define cuantas lluvias habrán de caer en el año entrante.

En medio de esta cultura de los hipermercados, de los alimentos envasados, y de las verduras freezadas, a menudo olvidamos que el mundo sigue funcionando más o menos como siempre ha funcionado.

Un año de sequía, podría dejar seco al más eficiente y moderno hipermercado, y esta sensación de fragilidad y dependencia de las fuerzas naturales creadas por Dios, nos movilizan a recobrar la fe en Él.

La festividad de Sukot nos mueve a la ACCION.

La Suká será tan frágil o tan fuerte como nosotros lo deseemos; tan bella o tan desprolija como nosotros querramos.

En Iom Kipur, hablaron nuestros labios.

En Sukot, hablan nuestras manos y nuestros pies.

Nuestra voluntad por poner manos a la obra y transitar la enorme brecha existente entre las palabras dichas en Iom haKipurim y las acciones emprendidas al final del día más sagrado del año.

Sólo aquellos que logren ejercitar estas virtudes serán merecedores de este banquete en el mundo venidero.

Ese es el precio del cubierto...

¿El menú?

Monstruo marino o Leviatán, cocinado y servido por el mismísimo Dios...¿o creían que Dios iba a usar solamente el cuero y tirar la carne?

Y a quien no le apetezca este menu, la última lección que nos brinda la festividad de Sukot: Seamos agradecidos con aquello que Dios nos da.

La Suká de Leviatán

Sukot

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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