Somos demasiado frágiles, y rara vez lo reconocemos. Sólo envueltos en el dolor y en la tragedia, tomamos conciencia de nuestras numerosas limitaciones. Sin embargo, cuando la suerte nos muestra su cara más bella creemos ser, tal vez por unos pocos segundos, los soberanos del universo.

Esta sensación de poder, no siempre es efímera. En los puestos dirigenciales, por ejemplo, se corre el riesgo de experimentar la omnipotencia durante un tiempo más prolongado.

Los reyes, en el mundo antiguo, pertenecían a esta clase de individuos. La vida y la muerte dependía de sus palabras y -por qué no- de sus caprichos. El pueblo de Israel, guardaba un enorme respeto por su monarca. La investidura real era respetada hasta en los detalles más pequeños. Resultaba fundamental, entonces, la imposición de una norma que ayude al rey a dominar sus impulsos de poder.

Es entonces que leemos en la Torá:

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‘Y será cuando (el rey) se sentare sobre el trono de su reino, escribirá para él la copia de esta ley sobre un libro...y estará con él, y la leerá todos los días de su vida’ (Devarim 17, 18-19).

Este precepto, a mi entender, desea transmitir al monarca el siguiente mensaje: ‘En aquel momento que seas nombrado rey de Israel, escribirás esta ley sobre un libro, estarás con ella y la leerás todos los días de tu vida para recordar que tu poder es limitado, que hay un Di-s que está por encima tuyo y una ley que debe regir todas tus acciones de gobierno’.

Al cumplir este precepto el monarca debe comprender que existen pueblos sin rey pero no reyes sin pueblo y que toda su grandeza proviene de Di-s.

Ninguno de nosotros rige los destinos de Israel. Sin embargo, el poder también coquetea a nuestro alrededor en búsqueda de un alma pequeña que le quiera dar mal uso.

No es necesario ser rey de Israel, para caer en el pecado del autoritarismo. Podemos hacerlo desde un púlpito, desde el frente de un aula, detrás de un mostrador o sentados trás un escritorio. Podemos ser soberbios como padres o como hijos. Podemos cometer abusos como dirigentes o como pueblo. Podemos ser autoritarios como maestros o como alumnos.

Quiera Di-s concedernos en este santo Shabat la inspiración y la humildad suficiente para caminar con dignidad por Su mundo. VeTaher Libenu LeOvdeja BeEmet. Purifica nuestros corazones para servirte con sinceridad, devoción y modestia.

La Torá del rey

Shoftim

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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