Cuando el gran Rabino Israel Baal Shem Tov creía que se tramaba una desgracia contra el pueblo judío, tenía por costumbre ir a concentrar su espíritu en cierto lugar del bosque; allí encendía un fuego, recitaba cierta plegaria y el milagro se cumplía: la desgracia quedaba rechazada.

 

Más adelante, cuando su discípulo, el célebre Maguid de Mezeritch tenía que implorar al cielo por las mismas razones, acudía a aquel mismo lugar del bosque y decía: ‘Señor del Mundo, atiende mi pedido. No sé cómo encender el fuego, pero todavía soy capaz de recitar la plegaria’. Y el milagro se cumplía.

 

Más adelante, el Rabino Moshé Leib de Sasov, para salvar a su pueblo, iba también al bosque y decía: ‘No sé cómo encender el fuego, no conozco la plegaria, pero puedo situarme en el lugar propicio, y esto debería ser suficiente: también, entonces, el milagro se cumplía.

 

Después le tocó la vez al Rabino Israel de Rizsin de apartar la amenaza. Sentado en su sillón, se tomaba la cabeza entre las manos y decía a Dios: ‘Soy incapaz de encender el fuego, no conozco la plegaria, ni siquiera puedo encontrar el lugar del bosque. Todo lo que sé es contar esta historia. Esto debería bastar’.

 

Y esto era suficiente.

...

‘El Rabino se quedó sin cuentos’, ustedes dirán.

¡Qué cuento más conocido que nos viene a contar!

Con esta misma historia abrí mi primera drashá de Rosh HaShaná allí por el año 1988.

Pero entonces, yo creía (estaba convencido) que esto era suficiente.

La contaba con orgullo. Creía que bastaba con contar historias vividas por otros, tal como hace Rabí Israel de Riszin en nuestro relato.

¿De qué estaba orgulloso? ¿De qué estamos orgullosos cuando contamos esta historia?

¿Estamos orgullosos de haber olvidado las plegarias? ¿De desconocer el lugar propicio para decirlas?

¿Es esto motivo de orgullo?

Nos dice la Mishná en el Tratado de Rosh HaShaná:

‘El que toca el Shofar dentro de un pozo o dentro del sótano, o dentro de un cántaro, cumple con la mitzvá sólo si escucha la voz del shofar. Mas si escucha el eco del shofar, no cumple con la mitzvá’.

Creo que deberíamos entender esta mishná de forma figurativa.

Hoy a nadie se le ocurriría meterse dentro de un pozo a tocar el Shofar (menos dentro de un cántaro de arcilla).

Pero...¿Qué significa el eco del shofar?

Hasta tanto sigamos viviendo un judaísmo de ecos, algo estará fallando.

Hasta tanto creamos que es suficiente con contar historias que otros vivieron, seremos como aquel que escucha el eco del Shofar proveniente del pozo.

Hace unos años, volviendo de Israel, me detuve veinte días en Europa con tres amigos, y mochila al hombro comenzamos a andar.

Como todo turista, ante todo pasábamos por la oficina de turismo de cada ciudad para conocer los puntos más importantes del lugar.

Daba ganas de llorar...

Judíos, ya casi no quedaban por esos pagos.

Pero cada lugar tenía ‘un algo’ judío para mostrar como atracción turística:

Que la sinagoga del MaHaRaL en Praga, que el ghetto de Venecia, que la sinagoga portuguesa en Amsterdam.

El judaísmo se había transformado en un circuito turístico o –lo que es peor- en un museo.

Me pregunto hasta que punto no nos sucederá lo mismo si seguimos escuchando los ecos del Shofar y no al Shofar mismo.

Alguien definió este fenómeno como el ‘marranismo invertido’

¿Qué es lo que hacían los marranos?

Ocultaban su judaísmo en público y lo practicaban en privado.

En nuestros tiempos proclamamos y declamamos en la sociedad que somos judíos pero en nuestras casas –a menudo- el judaísmo pasa desapercibido.

Y esto nos sucede por creer que el judaísmo es algo que sólo pasa por el corazón.

Según estudios científicos, el judío está entre los grupos étnicos y religiosos con mayor tasa de ataques cardíacos.

Me pregunto si esto no ocurrirá porque cargamos demasiado judaísmo sobre nuestros corazones.

Para nuestros abuelos era diferente:

El judaísmo estaba mejor distribuido por el cuerpo.

Se expresaba el judaísmo con los brazos colocando tefilín, con la boca respetando las normas de kashrut, con los ojos, estudiando fuentes a diario, con las piernas caminando hasta la sinagoga.

¿No será esta la razón de esta estadística?

Quiera Dios iluminarnos en este año para llevar adelante una práctica judía integral, para aliviar así la pesada carga que se ha posado sobre nuestros corazones que nos impide, a menudo, escuchar la auténtica voz del Shofar y sobre todo, para que este Rosh HaShaná (comienzo del año) sea un Rosh HaShinui (comienzo del cambio).

No es suficiente

Rosh Hashaná

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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