Hace unos días escuchaba acerca de un extraño servicio telefónico en la ciudad de Viena (Austria).

Allí quien marca el número 1-5-0-9, no obtiene ninguna respuesta humana.

No hay una operadora que le atienda, ni tampoco una de esas odiosas grabaciones a las que nos tienen cada vez más acostumbrados.

 

Quien marca en Viena el 1-5-0-9 obtiene por respuesta una nota LA, a fin de poder afinar la innumerable cantidad de instrumentos musicales que pueblan aquella ciudad europea.

 

No hablamos aquí en estos Iamim Noraim de instrumentos musicales si bien es cierto que tenemos uno (el Shofar) de sonido etéreo y monocorde.

 

En estas fechas, el verdadero instrumento a ser afinado somos nosotros mismos, nuestra propia humanidad.

El Shofar contribuye a armonizar nuestras vidas que año tras año pierden su afinación y necesitan de un LA para retomar su rumbo perdido.

 

Leeremos en un ratito en la Torá:

VaIsa Abraham Et Einav VaIar VeHine Ail Ajar Neejaz BaSvaj BeKarvav...

Y alzó Abraham sus ojos, y vio que un carnero estaba trabado con sus cuernos en el matorral.

 

Es interesante notar que la Mishná tiene dos formas diferentes de llamar al ‘instrumento musical’ de estos Iamim Noraim.

 

Por un lado lo llama KEREN (cuerno) tal como aparece en este versículo.

Por otro lado, tal como sabrán, lo llama SHOFAR.

 

Cada uno de estos nombres, define una cualidad del mismo.

El KEREN, describe al cuerno propiamente dicho, al objeto físico que crece en la cabeza del animal.

En otras palabras: mientras el cuerno está en la cabeza del animal, el shofar no es un SHOFAR sino un KEREN.

 

El SHOFAR es otra cosa; tiene que ver con el aspecto interior, con la voz que se emerge de la profundidad de ese cuerno.

 

El KEREN, es la fuerza de Esav y el culto por aquella fortaleza que se puede ver.

El SHOFAR, es la voz de Iaakov, la esencia interior invisible pero poderosa.

 

El KEREN define la fortaleza del animal.

Y vaya paradoja.

La fortaleza del carnero de Abraham (sus cuernos) terminó siendo el motivo de su fragilidad al terminar enredado en ellos.

EL SHOFAR define la fortaleza humana.

Y también es paradójico, pero al revés.

La capacidad para recocer nuestra fragilidad es nuestra verdadera fortaleza.

 

E incluso la berajá que diremos es grafica al respecto:

Asher Kidshanu BeMitzvotav VeTzivanu Lismoa Kol Shofar.

Aun cuando el cuerno tiene dos aspectos: la fortaleza física y el sonido etéreo, nuestros sabios nos indican que la esencia del precepto reside en aquella fuerza que viene del interior.

 

No se si tuvieron alguna vez la oportunidad de atender el sonido particular de cada uno de los instrumentos que conforman una orquesta.

Jamás se podrá apreciar la belleza de la pieza musical escuchando sólo a un violín o a un trombón y menos aun si están desafinados.

La belleza musical se aprecia realmente, cuando cada instrumento adquiere su propia afinación y armoniza con sus compañeros.

 

Así también nosotros, a través del SHOFAR y del espíritu de estos Iamim Noraim, estamos llamados a afinar nuestras almas y armonizar nuestro interior con el de aquellos que nos rodean en esta gran pieza musical en la cual todos tocamos por separado, pero juntos...

 

Atender a la nota LA que en instantes sonará y sacando a flote nuestra fortaleza interior transformar al KEREN en SHOFAR para enmendar nuestras vidas y ponerla en sintonía con la de nuestros semejantes.

Afinando nuestra existencia

Rosh Hashaná

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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