‘Y fue después de estos hechos, y Dios probó a Abraham, y díjole: ¡Abraham! Y dijo: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, a tu único, que amas, a Itzjak, y vete a la tierra de Moriá, y ofrécelo allí por holocausto, sobre una de las montañas que te diré’ (1).

Abraham no duda en acatar la orden divina; Dios pide por sacrificio al hijo de su ancianidad y nuestro patriarca -sin siquiera levantar su voz de queja- se dispone a obedecer.

 

Abraham no retarda su partida; el versículo siguiente nos muestra a un Abraham que, con toda premura, ensilla su asno y parte, junto a su hijo y a dos jovenes acompañantes, al lugar que Dios le había señalado.

 

Al tercer día de caminata, Abraham alzó sus ojos, miró hacia el horizonte y vio el lugar de lejos. ‘Y dijo Abraham a los mozos: Quedáos aquí con el asno, y yo y el mozo iremos hasta allí y nos arrodillaremos y volveremos a vosotros’ (2).

 

¿Qué desea enseñarnos la Torá aquí? ¿Por qué Abraham e Itzjak continúan su caminata en soledad?

 

Abraham vio una nube unida a una montaña y supuso que ése era el lugar elegido por Dios para el sacrificio de su hijo.

 

Le dijo a Itzjak: ¿Acaso estás viendo lo que yo veo?

Sí -respondió Itzjak.

Le dijo a sus dos jóvenes: ¿Acaso véis lo que yo veo?

No -respondieron.

Dijo entonces Abraham: Dado que el asno no vé y vosotros tampoco, quedáos aquí con el asno (3).

No todos tienen la capacidad para ver a lo lejos; pocos son los que miran al horizonte y descubren que éste es algo más que una caprichosa linea recta en donde se agota el mundo y comienzan los abismos. Abraham e Itzjak pusieron rumbo al horizonte porque vieron allí lo que era invisible para los ojos de los demás.

Itzjak Rabín (Z’L’) pertenecía a esta clase de individuos. Caminó durante un largo trecho sin saber que algun día

vería la nube en la montaña; miró hacia el horizonte y descubrió allí lo que para muchos ojos era invisible.

 

Rabín fue al mismo tiempo Abraham e Itzjak. Fue Abraham porque supo madrugar, ensillar su asno y partir los leños para el holocausto (4) sin sacar provecho de su posición y su prestigio. Fue Itzjak, porque continuó su caminata a pesar de saberse en riesgo.

 

Fue Abraham porque comprendió que hay ciertos momentos para caminar acompañado y ciertos momentos para caminar en soledad y fue Itzjak porque no dudó en cargar sobre sus espaldas los amenazantes leños5  que lo transformarían en víctima.

 

Fue Abraham porque supo que en la vida hay circunstancias en las que se debe portar un cuchillo6 y fue Itzjak porque supo que nadie está exento de ser sacrificado.

 

Itzjak Rabín fue asesinado antes de llegar al horizonte. Una mente criminal -ciega para ver horizontes, muda para acortar distancias, y sorda para oír al Dios que dijo haber escuchado- puso fin a su vida y a su camino. Su familia llora a un esposo, a un padre y a un abuelo; el pueblo de Israel llora a un heroe que supo cambiar la espada por el arado e inspirará con su ejemplo a aquellos que tomen la posta en su caminata hacia el horizonte.

 

Tihié nafshó tzerurá bitzeror hajaim.

Quede su alma reunida al alma de los puros y los justos de Israel y la humanidad.

1. Bereshit 22:1-2

2. Bereshit 22:5.

3. Bereshit Rabá 56:2.

4. Bereshit 22:3.

5. Bereshit 22:6.

6. Bereshit 22:6.

El sacrificio de Itzjak (1922-1995)

Asesinato de Itzjak Rabin Z'L

Shabat Vaierá 5756

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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