Hacia el final de Parashat Ki Tetzé se encuentra la mitzvá de recordar lo hecho por Amalek a nuestra salida de Egipto.

‘Recuerda la que te hizo Amalek en el camino a vuestra salida de Egipto. Que te encontró por el camino, y mató de ti, todos los débiles que iban tras de ti, y tú estabas cansado y fatigado; y no temió a Di-s’, leeremos mañana en la Torá (Devarim 25:17-19).

Todas las naciones del mundo sabían ya del poder de Di-s y temían por entonces a Israel. Amalek no.

Por eso RaSHI compara a Amalek con un hombre que se sumerge en una bañadera de agua hirviendo. Se quema hasta las pestañas, pero se la enfría a los demás. Amalek es quien inaugura la triste sucesión de ataques y traiciones que el pueblo judío vivió a lo largo de su historia.

Amalek no tenía miedo a Israel. No creía en Di-s, ni creía en la justicia, ni en los valores morales, no creía en nada.

 

No es casual que en gematria la palabra Amalek sume 240 al igual que la palabra Safek (duda).

 

Pero Amalek no ataca en cualquier lado; Amalek ataca ‘en el camino’. Y casi diría: Amalek ataca porque no puede soportar que Israel tenga un camino...

 

Israel tenía una razón de ser, una razón para luchar, una razón para creer y una razón para vivir. Amalek no.

 

Algunos historiadores suelen decir que el pueblo judío es una especie de anomalía histórica. Todos los pueblos funcionan de forma bastante parecida. Nacen, se organizan, dejan algún legado para el género humano, y luego llega su ocaso.

 

En términos cósmicos, podríamos decir que duran en la historia tan solo un momento y solo podemos saber de ellos a través de sus ruinas, únicas testigos y guardianes del pasado.

En nuestro caso es diferente.

Los testigos de nuestro pasado somos nosotros mismos.


Somos parte de ese camino y de esa misión que le fuera conferida a nuestros patriarcas.
Somos eslabón y somos cadena...

El mensaje de Amalek es que el camino no importa.
Tampoco importa el propósito ni el futuro.


La Torá nos cuenta poco y nada de la vida de Amalek como pueblo.
No sabemos qué aporte hizo al género humano ni como vivían. Sólo sabemos cómo Amalek no dejaba vivir a los demás.

No se nos ordena recordar a Amalek sólo para rememorar su traición ni la de aquellos que siguieron y siguen sus huellas (que son muchos).

Se nos ordena recordar para rememorar siempre ese camino en el que fuimos atacados, para no desviarnos jamás de él y seguir conservando bien alto el orgullo de pertenecer a un pueblo con un camino y no simplemente a un pueblo de tránsito.

Un pueblo de paso

Ki tetzé

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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