La Parashá de esta semana habla sobre la mitzvá de los Bikurim.

Los primeros frutos de nuestro campo no debían ser comidos por aquellos que trabajaron la tierra. Debían colocarse en una canasta y llevarlos hasta el sacerdote quien los ofrendaba delante del altar divino.

Y en el momento de la ofrenda se deía decir:

‘Un arameo errante era mi padre, y descendió a Egipto y residió allí con poca gente, y se convirtió allí en un pueblo grande, fuerte y numeroso. Y nos maltrataron los egipcios, y nos oprimieron, y nos dieron trabajo duro. Y clamamos al Eterno, Di-s de nuestros padres y escuchó el Eterno nuestra voz y vio nuestra aflicción, y nuestro trabajo, y nuestra opresión. Y nos sacó el Eterno de Egipto, con mano poderosa, y con brazo extendido, y con terror grande, y con señales y con prodigios. Y nos trajo a este lugar, y nos dio este país, tierra que mana leche y miel. Y ahora he aquí que traje las primicias del fruto de la tierra que me diste, Eterno’.


Este pasaje, resume prácticamente la Torá en seis lineas. En seis versículos la Torá llega desde Iaakov y su llegada a Egipto, pasando por los cuarenta años en el desierto y llegando hasta las mismísimas puertas de la Tierra Prometida, lugar en el cual de desarrolla físicamente la Parashá de la semana.

En el momento del agradecimiento, en el momento en el cual se ve que la semilla dio frutos, las imágenes vienen a nuestra mente como un torbellino de ideas.

Pienso, por ejemplo, en un padre que ve a su hijo llegando a la edad de las mitzvot y que lo escucha por primera vez leyendo de la Torá. Allí, en ese momento, trece años de vida pasarán por su cabeza en veinte segundos, los mismos veinte segundos que tarda en leerse la declaración de los Bikurim y que resumen casi trescientos años de historia en seis renglones.

La gratitud es el motor de la solidaridad y de la entrega. Si ustedes ven una sociedad poco solidaria, de seguro que es una sociedad ingrata...

Por ello, no es casual que luego del pasaje de los Bikurim, la Parashá hable sobre la Tzedaká. La gratitud hace aflorar los sentimientos más nobles que yacen en nuestros corazones.

ViHi Noam HaShem Elokeinu Aleinu, Umaase Iadenu Konena Alenu, Umaase Iadenu Konenehu. Sea la gracia de Di-s sobre nosotros, afirmando con ella, las obras de nuestras manos. Afirma, Di-s, las obras de nuestras manos.

Baruj Ha-Shem

Ki tavó

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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