Muchas fueron las explicaciones que se dieron por generaciones al pecado de Moshé en el episodio de Mei Merivá.

Shmuel David Luzzatto, dice en su comentario a la Torá: Durante toda mi vida me abstuve de ahondar en el análisis de este pasaje porque temí que pueda salir –Di-s no lo permita- un nuevo pecado sobre el soberano de todos los profetas.

Es por eso que hoy no quiero ahondar en el pecado de Moshé; sólo deseo reflexionar acerca del duro decreto celestial que impide a Moshé ingresar a la Tierra Prometida.

El Midrash Tanjuma compara la situación de Moshé con la de un pastor al que le fueron robadas las ovejas del rey. Cuando al cabo de unos días quiso el pastor ingresar al palacio, el rey le dijo: ‘Si llegas hasta el palacio sólo, la gente pensará has sido tú el que secuestró las ovejas’.

De la misma forma le dijo Di-s a Moshé: ‘¿Con que cara me pides ingresar a la Tierra Prometida? Has enterrado a 600.000 judíos en el desierto…¡y quieres ingresar a la tierra con una nueva generación!’.

Cuando le preguntaron al Prof. Ishaiahu Leibowitz Z’L por qué creía él que Moshé había sido condenado, él citó este midrash y dijo que ocurrió con Moshé lo mismo que ocurre con el capitán de un barco.

Cuando un barco se hunde -no importa por qué razones- el capitán es el último en salvarse. Son códigos navales, los conocemos…El último en subir al bote salvavidas deberá ser él. Pero si toda la tripulación muere…el capitán debe morir con ellos.

Con Moshé Rabenu ocurrió algo similar: Si Israel se quedaba fuera de la tierra, también Moshé debía quedarse afuera.

¡Cuántas tragedias en la historia de la humanidad se hubieran evitado si los gobernates hubiesen entendido que su destino personal va ligado al destino de sus dirigidos!

No importa quién tuvo la culpa. Tampoco importa la naturaleza del pecado de Moshé (si es que lo hubo). No importa si golpeó la roca en lugar de hablarle o si la golpeó dos veces en lugar de una. Lo que importa en serio es que el líder comparte el destino con su pueblo. Importa que líder y pueblo son inseparables, para bien o para mal.

Como el pastor y sus ovejas, como el capitán y su barco. Van de la mano, juntos,…o no van. Unos sin los otros, carecen de sentido…

El capitán y su barco

Jukat

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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