Desde aquel épico llamado de Dios a Abraham, en Parashat Lej Lejá, la Torá muestra a nuestro patriarca mirando siempre hacia adelante, reafirmando el paso dado.

 

Sin embargo, en nuestra Parashá, Jaiei Sará, Abraham por primera vez mirará hacia atrás y pedirá a su siervo Eliezer regresar a su patria y buscar allí mujer para su hijo Itzjak.

 

"Sino que a mi tierra y a mi parentela irás, y tomarás mujer para mi hijo, para Itzjak" (Bereshit 24, 4).

 

Resulta algo extraño.

 

Seguramente entre todas aquellas almas que Abraham y Sará hicieron en Jarán (ver RaSHI a Bereshit 12, 5) había alguna muchacha apta para Itzjak Avinu. ¿Por qué pedir a Eliezer que regrese a buscar una mujer en Aram Naharaim?

 

Tal vez la respuesta a este interrogante se esconda en los primeros versículos de nuestra Parashá. Cuando Abraham se dirige a los hijos de Jet para adquirir la cueva de Majpelá, que servirá de sepultura a nuestros patriarcas, se presenta a sí mismo como "Forastero y morador" (Bereshit 23, 4).

 

En apariencia, existe una gran contradicción en esta expresión. ¡Quien es "forastero" no es "morador" y quien es "morador" no es "forastero"!

 

Ocurre que Abraham, como casi todo olé jadash, convivía con esa paradoja.

 

Era extranjero, y venía de una tierra extraña. Pero también nuevo morador en la Tierra que Dios le señalara (ver RaSHI a Bereshit 23, 4).

 

¿A qué olé jadash no le ocurrió alguna vez algo similar?

 

En mi caso, viviendo en la Argentina, yo me interesaba por la actualidad israelí. Pero al hacer aliía, comencé a estar pendiente de las novedades de Argentina. Allí escuchaba música en hebreo, y aquí comencé a amar el tango. Allí me emocionaba al saborear el Humus, y aquí busco dulce de batata debajo de las baldozas.

 

¿Qué olé jadash no es –al mismo tiempo- "extranjero" y "morador"?

"No soy de aquí, ni soy de allá", como diría Facundo Cabral.

 

El escritor israelí Asher Barash dice que el hombre se asemeja al árbol del campo. Está quien -cual rama blanda- echará raíces en toda tierra donde sea sembrado...y está quien, para sobrevivir en un nuevo suelo, debe ser transplantado con una porción de su tierra de origen.

 

Llama la atención que Abraham Avinu, arquetipo del "sionismo" bíblico, diga a Eliezer "Sino que a mi tierra...irás, y tomarás mujer para mi hijo, para Itzjak". ¿Cuál es su tierra? ¿Ur? ¿Acaso no es la Tierra que Dios le señaló?

 

Pero evidentemente, con Abraham ocurrió lo que sugiere Asher Barash.  También él necesita una porción de su tierra de origen, para echar raíces en la nueva tierra.

 

Sin embargo Abraham sabía bien lo que quería para su hijo "sabra".

Hay quienes dicen que Abraham se transforma en olé jadash en Parashat Lej Lejá.

Es cierto.

 

Pero su proceso de "absorción" concluye en Parashat Jaiei Sará, cuando dice a Eliezer que -si bien la candidata debe ser de allí- "guárdate de no tornar a mi hijo allí" (Bereshit 24, 6).

 

A menudo se puede mirar hacia atrás cuando se sabe hacia donde se marcha. Se puede traer una porción de tierra de origen, para echar raíces en en nuevo suelo. Sin embargo, "Aram Naaraim" era el pasado de Abraham, no el de Itzjak. 

 

Abraham no quería sacrificarlo de nuevo.

No soy de aquí ni soy de allá

Jaie Sará

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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