La falta de una letra en cualquier libro de cuentos, resulta ser un simple problema de tipeo. Sin embargo, cuando nos adentramos en el universo de la Torá, no ocurre lo mismo. Cada letra allí es imprescindible. Si alguna no está, la Torá se desploma y pierde su carácter sagrado (Salvando las distancias, ocurre lo mismo con los e-mails: si les falta una letra, se pierden por el camino). 

 

Hoy quiero referirme a esa minúscula letra vav que da inicio a nuestra Parashá y que, si faltase, posiblemente alteraría el significado de toda la Torá. 

VeEle HaMishpatim Asher Tasim Lifneihem.

Y esta son las leyes que habrás de poner ante ellos (Shemot 21, 1).

'Ve' significa en hebreo ‘Y’.

RaSHI se pregunta por qué la Parashá comienza diciendo ‘VeEle HaMishpatim’(Y estas son la leyes). ¿Por qué no dice directamente ‘Ele HaMishpatim’ (‘Estas son las leyes’ sin la letra ‘Y’)? Y dice: Ma HaRishonim MiSinai Af Elu MiSinai.

Asi como las primeras leyes, aquellas que leímos la semana pasada y que trataban del vínculo del hombre con Dios provienen del Cielo, así también las leyes de esta Parashá, que hablan del vínculo entre el hombre y su prójimo, provienen del Cielo.

Esta semana hablamos de cuestiones mucho más terrenales. Nos ocupamos de ver cuál es la visión judía acerca de los huérfanos, las viudas, los extranjeros. Hablamos de robos y delitos económicos. Hablamos del respeto hacia los padres y hacia los líderes del pueblo.

Esa letra vav es un puente entre ambas Parashiot. A quien le falte esa vav en su vida estará fallando severamente en su observancia.

Muchos son los judíos que dicen: ‘Yo no necesito creer en Dios para ser buena persona. Yo no robo, yo no miento...Con eso alcanza...¿O no?’. Y la verdad es que no es poca cosa…

Pero no es eso de lo que se trata la Torá. Las leyes entre el hombre y Dios provienen del Cielo. Pero también provienen del Cielo las leyes de justicia social, correcta ciudadanía y Derej Eretz. El judaísmo -al menos el mío- no hace distinción alguna entre ética y religión. Dios es la fuente de toda ética. La ética es hija de Dios, no un pariente lejano...

Por otro lado, otros judíos –tal como hablábamos la semana pasada- agotan su judaísmo en Dios y en el Cielo y se olvidan de mirar hacia abajo. El judaísmo es un cóctel perfecto entre Cielo y Tierra. Por momentos se nos pide mirar hacia arriba, pensar en Dios, rezar, cuidar Su Shabat. Pero por momentos se nos pide mirar hacia abajo: visitar enfermos, ayudar al hambriento, consolar al doliente.

Algo similar ocurrió al final de Parashat Itró que leímos la semana pasada. Luego de haber apreciado la revelación divina en Sinaí, de haber visto la palabra de Dios y al monte humeante, la Parashá concluye con las leyes del altar (mizveaj), el punto de encuentro entre el hombre y Dios a través de las ofrendas. 

"Altar de tierra harás para mí" (Shemot 20, 24). 

Dice RaSHI: 

"Que (el altar) esté conectado a la tierra, y no sea construído sobre columnas"

Evidentemente, sólo se puede servir a Dios y conectarse con él, cuando se está conectado con la tierra.

De eso se trata –casi nada- esa minúscula letra vav que da inicio a nuestra Parashá. Si ella faltara, también la Torá se perdería por el camino

Los pies sobre la tierra

Mishpatim

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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