El Shabat que separa a Rosh HaShaná de Iom HaKipurim recibe el nombre de Shabat Shuvá: el Shabat del retorno. Es el profeta Oshea quien nos llama a regresar en este Shabat previo al día más sagrado del año.

Ahora…¿sabemos realmente dónde queremos retornar? ¿Sabemos dónde esta esa ruta a la que hace mención el profeta?


Escucharemos en este Shabat: ‘¡Shuva Israel! (Retorna Israel)’.
Pero...¿qué tal si estamos perdidos? ¿Qué tal si nadie nos sabe orientar acerca de cómo regresar?

Aprendemos en este Shabat, que el retorno es difícil cuando uno está desorientado. Es imposible regresar de memoria, cuando uno no sabe bien donde está parado.

A menudo, cuando tomamos el auto y emprendemos un largo viaje necesitamos del GPS; no sabemos cómollegar de memoria. Uno no necesita del GPS para llegar de casa al trabajo o de casa a la escuela; es un viaje de todos los días...

Pero hay ciertos viajes en donde hay que estar bien atentos. Debemos prestar atención a los carteles del camino y si nos confundimos en alguno y nos desviamos de la ruta, deberemos prestar atención a aquellos carteles que nos llevan de regreso a la ruta.

El ejercicio de la Teshuvá no es sencillo. Tenemos que hacer un balance, estudiarnos, ubicar nuestros puntos frágiles e intentar superarlos.


No es un trabajo fácil, es lento. Es una labor que comienza con el mes de Elul y termina al cabo de cuarenta días. Es una ruta con varias estaciones: el mes de Elul, Rosh HaShaná, los diez días de Teshuvá, Iom HaKipurim. Es similar a una escalera con varios escalones.

 

...

El célebre Maguid de Duvno cuenta la historia acerca de un hombre había enfermado. Su dolencia era seria y se llamó al mejor de los médicos para que atienda su mal. El doctor, observó al paciente, y vio que el cuadro era grave pero tenía cura. Sacó su libreta del bolsillo, escribió la receta y dijo a la familia: ‘Cinco veces por día, dénle esto’.

La familia pagó al médico sus honorarios, tomó la receta en sus manos, y tomando una tijera en sus manos cortó la receta en pedazos y cinco veces por día administraba al enfermo esa medicina: un vaso de agua, y un pedacito de papel.
 

De más está decir que el cuadro del enfermo empeoró hasta límites insospechados. Fueron a buscar al médico: ‘¡Ladrón!’, le dijeron. ‘¡Nos ha estafado!’.

El médico sabía que su receta no fallaba. Pero sospechó que tal vez, en un fallido, equivocó la receta. Al solicitar la receta a la familia y viendo el papel hecho trizas, descubrió la verdad. ‘¡No me refería a la receta, señores; hablaba de su contenido! ¿Cómo piensan curar a un enfermo con un pedazo de papel?’.

En Iom HaKipurim podremos devorar el majzor y decir de memoria las cinco tefilot del día. Podremos agujerear nuestros pechos por los golpes de nuestros puños. Pero si permanecimos indiferentes durante todos estos días, seremos como aquel que viaja de memoria por una ruta inhóspita, sin GPS, mapa o brújula. Correremos serios riesgos de perdernos.

Para despertarnos de ese posible letargo, el profeta Oshea nos llama en este Shabat y nos dice: ‘Shuva Israel Ad Adonai Eloheja Ki Kashalta BeAvoneja’ (Retorna, Israel, al Eterno tu Dios porque tropezaste en tu iniquidad’). ¡Retorna Israel! ¡Despierta Israel! Faltan pocos días para el gran examen...

¿Dónde está la ruta?

Iom Hakipurim

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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