¿Adónde va un hombre sin esperanza? Así como los automóviles pasan un mal rato cuando se les acaba el combustible, los seres humanos pasamos un mal rato cuando la esperanza se nos agota.

A menudo, el abatimiento nos invade. Sentimos que ‘todo nos sale mal’ y padecemos el peso de la vida sobre nuestras espaldas.

Parashat Emor, bien puede servirnos de mapa de ruta ante estas sensaciones que a menudo nos atacan y entorpecen nuestro andar. En Parashat Emor, el duelo y la alegría se codean llamativamente. La Parashá comienza hablando de la muerte, advirtiendo a los kohanim de no impurificarse con los muertos, y por último finaliza con una extensa mención de las festividades de Israel, días de descanso y de regocijo para los judíos.

Esta reunión temática –el dolor inicial y la fiesta final- nos trae una lección ejemplar tanto en lo individual como en lo colectivo. Aun en días de amargura, tenemos PROHIBIDO caer en los abismos de la desesperanza, aun cuando la vida nos resulte una carga pesada de llevar. Debemos sobreponernos al decaimiento y aguardar esperanzados la llegada de los buenos días, los días de fiesta y regocijo.

Así como Parashat Emor habla en su inicio de padecimientos y congojas, y finaliza hablando de fiestas y alegrías, así también nosotros debemos saber que después detrás de los más densos nubarrones de tormenta siempre se encuentra el sol con ansias de asomar. Y si bien es cierto que un presente de luz, puede volverse negro en cuestión de segundos, no menos cierto es que un presente oscuro puede, rápidamente, dar lugar a la salida del sol.Exactamente el mismo orden que presenta Parashat Emor.

Posiblemente no exista en toda la Creación energía alguna con mayor poder que la esperanza. Cuando creemos y confiamos en que se puede avanzar, nuestras posibilidades de crecer, prosperar y seguir soñando se incrementan.

Cuenta una historia acerca de seis mineros que trabajaban en un túnel muy profundo extrayendo minerales desde las entrañas de la tierra.

De repente un derrumbe los dejó aislados del afuera sellando la salida del túnel.

De un vistazo calcularon su situación. Se dieron cuenta, con su experiencia, de que el gran problema sería el oxígeno.

 

Si hacían todo bien les quedaban unas tres horas de aire, cuando mucho tres horas y media. La gente de afuera sabría que ellos estaban allí atrapados, pero un derrumbe como este significaría perforar otra vez la tierra y horadar otra vez la mina para llegar a buscarlos. La pregunta era...¿Podrían hacerlo antes de que se terminara el aire?

Pero como estos mineros eran expertos, decidieron que para ahorrar oxígeno debían hacer el menor desgaste físico posible. En por ello que apagaron las lámparas que llevaban y se tiraron al piso en silencio.

Incidentalmente sólo uno de ellos tenía reloj.
Hacia él iban todas las preguntas: ¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cuánto falta?

 

El tiempo se hacía eterno. Cada par de minutos parecía una hora, y la desesperación ante cada respuesta agravaba aún mas la tensión.

El jefe de mineros se dio cuenta de que si seguían asi la ansiedad los haría respirar mas rápidamente y esto los podía matar. Y ordenó al que tenía el reloj que solamente él controlara el paso del tiempo.


Nadie haría mas preguntas, él avisaría a todos cada media hora. Cumpliendo la orden, el del reloj controlaba su máquina. Y al cabo de primera media hora pasó, dijo a sus compañeros ‘ha pasado media hora’.

El hombre del reloj se dio cuenta que con el paso del tiempo, iba a ser mas terrible comunicarles que el minuto final se acercaba. Sin consultar a nadie decidió que ellos no merecían morirse sufriendo. Así que la próxima vez que les informó la media hora, habían pasado en realidad cuarenta y cinco minutos.

No había manera de notar la diferencia así que nadie siquiera desconfió.


Apoyado en el éxito del engaño la tercera información la dio casi una hora después. Dijo que pasó otra media hora y sus cinco compañeros creyeron haber pasado encerrados sólo una hora y media...


Así continuó el del reloj y a cada hora completa les informaba que había pasado media hora.


La cuadrilla llegó a las cuatro horas y media. Lo más probable era encontrar a los seis mineros muertos. Pero no. Encontraron vivos a cinco de ellos.
 

Solamente uno había muerto de asfixia...EL DEL RELOJ.


Sin esperanza, estamos verdaderamente perdidos. Con esperanza, no existen imposibles.


Tal como reza Sefer Tehilim en su capítulo 27: Kave El Adonai, Jazak VeIeametz Liveja VeKavé El Adonai. Ten esperanza en Dios, anímese y fortalézcase tu corazón y confía en Di-s.


 

Lo último que se pierde

Emor

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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