En nuestra Parashá, los hijos de Israel cruzarán las aguas del Iam Suf y elevarán sus voces en canto prometiendo fidelidad eterna a Di-s y a Su proyecto celestial.

 

"Éste es mi Di-s y lo glorificaré, Di-s de mi padre y lo enalteceré" (Shemot 15, 2). "El Eterno reinará para siempre y siempre", dirán en su hora de mayor devoción.

 

Sin embargo, al cabo de pocos días, no sólo el mar quedó detrás sino también la fe y la devoción. Los hijos de Israel caminan por el desierto de Sin y están hambrientos y sedientos. Díficil mantener la fé cuando el estómago hace ruido...

 

A partir de ése punto -y hasta la muerte de Moshé, Aharón y Miriam- nada habría de faltar a los hijos de Israel. Ni comida, ni bebida, ni protección contra enemigos y las inclemencias del desierto.

 

Enseñan nuestros Sabios de bendita memoria:

 

"Tres grandes sostenes tuvo Israel (en el desierto): Moshé, Aharón y Miriam. Y tres buenos regalos fueron entregados a través suyo, y éstos son: El pozo (de agua que acompañó a los hijos de Israel durante la travesía del desierto), la nube y el mán. El pozo, por mérito de Miriam, la columna de nube, por mérito de Aharón, y el mán, por mérito de Moshé" (Taanit 9a)

 

Los Sabios del Talmud describen una situación prácticamente ideal en la cual el Soberano del mundo es al mismo tiempo –a través de Sus tres emisarios- Ministro de Economía, Ministro de Defensa y Ministro de Bienestar Social.

 

No hay necesidad de trabajar, ni de arar el campo, ni de sembrar ni de cosechar. El Santo Bendito sabe que no conviene hacer ingresar a los hijos de Israel a la Tierra por el camino corto:

 

"Y fue al enviar el faraón al pueblo, y no lo condujo el Eterno por el camino de la tierra de los filisteos, que próxima ella era...E hizo Di-s circuir al pueblo el camino del desierto" (Shemot 13, 17).

 

Dijo el Santo Bendito: "Si los hago ir por el camino sencillo, inmediatamente cada uno tomará posesión de un campo o una viña y olvidarán la Torá. Los haré ir por el camino del desierto y comerán del mán y tomarán las aguas del pozo y la Torá se asentará en sus cuerpos (Tanjuma Buber, BeShalaj 1).

 

Y a pesar de todo ello, la generación del desierto constituye el arquetipo de la insastifacción. Una experiencia espiritual de cuarenta años no logró pulir las almas de aquella generación. Y ésto es sumamente interesante, sobre todo si  analizamos el hecho a la luz de que nada les faltaba.

 

Y la pregunta que me formulo es si nosotros somos tan diferentes.

 

Permítanme compartir un mensaje que recibí hace unos pocos días (lamenteblemente no podré acelerar la redención y traer la fuente en nombre de su autor, ya que lo desconozco).

 

Si pudiéramos viajar en el tiempo y contar a nuestros ancestros –ésos que vivieron hace cientos de años- que un día no se habrá de extraer agua de los pozos, ya que tendremos grifos incrustados en las paredes, seguramente encojerían sus hombros de incredulidad.

 

Más aun lo harán cuando les contemos que en nuestros días no es necesario encender el horno a leñas, ya que existen las hornallas, los hornos eléctricos y los microndas. Tampoco es necesario llevar la ropa sucia al rio, porque en toda casa hay un lavarropas, y una secarropa, y plancha, y además heladera y freezer.

 

¿Y qué no tenemos?

 

En este punto nuestro ancestro nos miraría incrédulo y nos diría: "Cuando el mashiaj venga, tal vez todo ello sea posible...".

 

Pero aun no terminamos. Todavía nos falto contarle que tenemos bombillas eléctricas, ventiladores y aires acondicionados. Relojes de mano, lapiceras a fuente, libros de todo color, forma y contenido en cada casa, computadoras y calculadoras. Y entonces agregaremos: "Pero sabes abuelo...aun así la gente no está satisfecha". Es ahí que nuestro ancestro levantará las cejas y nos dira: "¡¡¿¿No están satisfechos??!!". 

 

Entonces le diremos: "Así es...no están safisfechos. Viajan largas distancias en  cómodos trenes y micros, se comunican con el otro lado del mundo con teléfonos  celulares, envían e-mails con sólo apretar un botón, y aún así están amargados y estresados".

 

Allí reaccionará el abuelo con asombro exacerbado: "¡¡¿¿Viven en el gan eden, y encima se quejan??!!".

 

...

 

En Sudamérica se suele decir con cinismo: "El dinero no hace la felicidad...¡¡la compra hecha!!".

 

La Torá demuestra en nuestra Parashá que este "proverbio" poco tiene que ver con la realidad: El sentimiento de satisfacción, plenitud y alegría es algo tan complejo, que el dinero no forma parte de él. La abundancia no genera felicidad. Cuando de satisafacción se trata, la clave –evidentemente- se encuentra en otro lado.

Insatisfacción

Beshalaj

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

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