Desde tiempos bíblicos el pueblo judío tiene una particular obsesión por la opinión de las naciones del mundo acerca suyo.

 

Cuando Di-s quiere exterminar al pueblo luego del pecado del beccero de oro, Moshé intenta cambiar el designio divino diciendo: "¿Por qué han de hablar los egipcios diciendo: Con mala intención los sacó para matarlos en los montes, y para exterminarlos de sobre la faz de la tierra?" (Shemot 32, 12). Cuando Di-s desea acabar con el pueblo luego del pecado de los espías, nuevamente Moshé interviene diciendo: "Y si matares a este pueblo como a un solo hombre, hablarán los pueblos que escucharon de tu fama diciendo: Por no poder el Eterno traer el pueblo al país que juróles, los degolló en el desierto" (BeMidvar 14, 16).

 

El argumento de Moshé a la hora de su intervención ante Di-s resulta llamativo. La razón por la que Di-s debiera perdonar al pueblo no es otra que el "¿Qué dirán?".

 

Esta obsesión no nos ha abandonado desde entonces. 

 

Toda acción militar o diplomática de Israel toma en cuenta el "¿Qué dirán?". Sabemos bien que los intentos por cambiar la opinión pública internacional no siempre han sido alentadores. Muchos son los que aseguran que ésta es –de antemano- una batalla perdida.

 

El Talmud trae una opinión que -a priori- pareciera extremista. En el Tratado de Shabat se hace un original juego de palabras entre el vocablo hebreo "Siná"(odio) y el nombre del monte en el que fue entregada la Torá (Sinai). Dicen nuestros Sabios que a partir de Sinaí, las naciones del mundo se llenaron de odio y resentimiento hacia el pueblo judío por no haber recibido la Torá (Shabat 89a).

 

¿Acaso realmente todos nos odian?

Tal vez Parashat Itró nos pueda brindar una respuesta a este interrogante.

 

Al inicio de la Parashá, Itró se reúne nuevamente a Moshé -su yerno- en el desierto.

 

RaSHI (véase comentario a Shemot 18, 13) sugiere que esta sección aconteció luego de la entrega de la Torá, aun cuando el orden de los eventos aparece invertido en el texto bíblico.  

 

Si es así...¿por qué la Torá trae este relato al comienzo?

 

Posiblemente la respuesta sea que la Torá desea unir la venida de Itró a la guerra contra Amalek que es mencionada hacia el final de la Parashá pasada.

 

Nuestra Parashá comienza diciendo "Y oyó Itró" (Shemot 18, 1). Pregunta RaSHI: ¿Qué es lo que oyó? (Escuchó acerca de) la apertura del Iam Suf y (acerca de) la guerra con Amalek.

 

No hubo -en realidad- ninguna nación que no haya escuchado acerca de la intervención divina en la redención de Israel. Ya lo leímos en el Canto del Mar, la semana pasada: "Escucharon los pueblos, estremeciéronse, temblor se apoderó de los moradores de Pleshet. Entonces turbáronse los príncipes de Edom, a los valientes de Moav los acometió el templor. Se sobresaltaron los moradores de Cnaan" (Shemot 15, 14-15)

 

Pero, por lo visto, no todos los oídos son iguales...

 

Amalek escuchó. También Itró.

Pero mientras que éste se llenó de odio hacia aquel pueblo que había sido redimido de Egipto, Itró escucha y se identifica con la narrativa hebrea.

 

"Bendito el Eterno, que os salvó de la mano de los egipcios. Ahora sé que grande es el Eterno, más que todos los dioses..." (Shemot 18, 10-11). La Torá desea, por lo visto, juxtaponer dos reacciones "gentiles" diametralmente opuestas: la de Amalek y la de Itró.

 

Cabe preguntarse: ¿Por qué un pueblo escucha y se transforma en arquetipo de lo antisemita (Amalek), mientras que Itró escucha y se identifica?

 

La respuesta es a mi entender simple: se llama Hasbará.

 

Luego de los abrazos de rigor, la Torá nos cuenta que es el mismo Moshé el que hace reseña de lo acontecido a oídos de Itró:

 

"Y contó Moshé a su suegro todo lo que hizo el Eterno al faraón y a Egipto, por causa de Israel, todas las adversidades que les aconteció en el camino y (cómo) librólos el Eterno" (Shemot 18, 8).

 

Itró escuchó los eventos de boca de Moshé. Moshé le cuenta de los padecimientos del pueblo en Egipto, de la persecusión del faraón, de los milagros acontecidos.

 

Itró no escucha sólo lo que se reportó en la TV inglesa o española. Escucha el testimonio en primera persona, de boca de Moshé, y posiblemente Moshé sabe que sólo de esa manera logrará la empatía de su suegro.

 

La Torá nos enseña que todos escuchan. Así como Amalek oyó, también oyó Itró. La diferencia entre ambas reacciones reside en el hecho de que Moshé comprende -con Itró- cómo debe presentarse la narrativa judía. Tres mil cuatroscientos años atrás Moshé entendió algo que en nuestros días no se logró entender: la empatía de los pueblos del mundo no se logra ni con milagros ni con poderío militar. Se logra con Hasbará. 

Amalek, Itró y el "que dirán"

Itró

Rabino Gustavo Surazski, Ashkelon, Israel

gustisur@gmail.com

+972547675129

  • Blogger Social Icon
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon